lunes, 8 de octubre de 2007

Voz de los olvidados



Voz de crooner, de lúgubres recuerdos; voz de bourbon o de lamentos, pero, sobre todo, la voz de los olvidados. Éste es Tom Waits, el hombre que habla de los que no se ven, ni tienen fuerza para salir de una escabrosa existencia, que, en el fondo, es la nuestra, la de todos los días.

Sus personajes tan peculiares, que nos cuentan, más que sus miserias, sus intentos de alcanzar una cuanto menos extraña felicidad. Son famosas sus canciones de amor, en las que mezcla la ironía y la pasión. Una pasión desteñida por el desencanto de la gris realidad de la fábrica, del “diner” en el que la camarera te sirve el café llamándote “cariño”.

I'll shoot the moon right out of the sky for you, baby… canta Waits. Dispararé a la luna en el cielo para ti, baby. Qué frase más hermosa; qué regalo más original para una mujer. Con toda la dulzura del mundo, el triste enamorado promete a su amada ser los peniques que le cubran los ojos, símil tremendo de una mujer tumbada en su ataúd con las manos cruzadas en el pecho y dos monedas en sus ojos cerrados para siempre.

Tom Waits que nos habla de promesas rotas de un amor eterno, que de eterno no tenía más que un momento breve de ternura, pero qué inocente es ella mientras duerme.

Hoy hablo de Tom Waits, porque es un día raro, de ésos que uno no sabe muy bien por qué pero se levanta sabiendo que algo pasará. Ha pasado y tengo ganas de reflejarlo, de la misma manera que lo hace Waits, para tener presente que nuestros gozos, nuestros triunfos, al final, se ciñen a un elemental y pueril hecho banal y trivial, que nos llena de sentimientos, mientras el resto del mundo sigue igual.

Como el viejo sin techo de la obra de Gavin Bryars, que, cantando en un loop eterno Jesus’ Blood Never Failed Me Yet, es acompañado por el coro de Waits. Al principio, la voz de Waits entra tímida para crecer ensalzando la otra voz, la de un hombre sin nada pero con tanta esperanza dentro.

Parecerá patético, pero es símbolo de nuestras vidas, en las que luchamos y nos rendimos ante nuestras propias estupideces. Y, cada vez que algo bueno nos ocurre, encontramos una indicación que nos devuelve al camino que sabemos que tenemos que seguir, hasta la siguiente vez que lo dejamos, para luego lamentarlo.

La voz de los olvidados nos cuenta lo que somos, sin juzgar. De hecho, es nuestro cómplice en la lucha por quitarnos la mierda de encima. No nos empequeñece, nos hace más humanos y menos atados a los monstruos de la moral barata (Chocolate Jesus, gran canción…). Total, para buscar excusas tontas, ya estamos nosotros y no necesitamos nada más.

Os dejo una pieza de Waits, justamente Innocent When You Dream. Es espléndida su crueldad tan tierna. Qué bello es ver a alguien dormir ingenuamente cuando sabes que la has traicionado conscientemente. Quién no lo ha hecho alguna vez…

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por fin las palabras-sin techo se reunen todas y encuentran su lugar en la blogosfera